Revolución bio-lógica y huelga general del consumo

consommationFormo parte de esas personas que tras muchos años de activismo político, terminé por darme cuenta que la transformación de la sociedad sólo era posible a través de mi propia transformación.
Antes participaba a menudo en la vida política. Votaba y me manifestaba. Salía a la calle con pancartas y protestaba contra las injusticias del sistema pero luego pasaba por el supermercado y engrasaba sus engranajes esperando el día en que un cambio político lo arreglase todo.

La realidad económica ha cambiado y hoy en día los medios más efectivos de protesta como pudo ser en otra época la huelga general han dejado de tener sentido ya que la mayor parte de los bienes de consumo se producen fuera de Europa (Anne Steiner, leer artículo en francés). Lo mismo ocurre con las manifestaciones que funcionan como una olla a presión canalizando todas las frustraciones de la sociedad civil y así evitar revoluciones como las de otros tiempos capaces de revocar el orden establecido. Hoy protestamos pidiendo permiso previamente a las autoridades y respetando el trazado urbanístico acordado y cercado por los guardianes del orden público. Gritamos furiosos mientras los dirigentes nos miran con displicencia desde sus palacios presidenciales, luego salimos en la prensa llenos de moratones y finalmente volvemos a casa y todo sigue igual.

He tenido una experiencia laboral de varios años en instituciones internacionales y ello me ha enseñado que la lucha desde una lógica nacional carece ya de sentido pues los problemas nacionales son sólo los resultados últimos de toda una maquinaria económica que funciona a escala transnacional. Las reformas laborales de nuestros gobiernos no son más que tareas de ejecución como las que realiza un funcionario de la administración local para cumplir con estándares normativos y planes inversores establecidos por sus superiores jerárquicos (EEUU en el caso de Europa).

Tenemos que entender que desde la lógica de la ideología económica dominante,  los países se han convertido en empresas e incluso los ciudadanos caemos en la trampa de hablar de nuestros países en términos de rendimiento, crecimiento, défit y otros términos de contabilidad empresarial. Cierto que los medios de comunicación llevan años condicionándonos a ello, sin embargo tenemos que entender que la idea de estado como multinacional competitiva dentro del mercado mundial convierte al ciudadano en un simple peón al servicio de la empresa y lo anula radicalmente como ser humano.

El Estado tradicional susceptible de velar por el acceso a la educación, la sanidad y la vivienda y garantizar un marco de convivencia digna  está hoy en vías de extinción y el pensamiento único ha llegado incluso a hacernos creer que la felicidad del hombre en la tierra depende unicamente de su acceso al trabajo, como si la vida en la Tierra se redujese a eso. De hecho llegamos a decir a menudo cosas como “Prefiero ir a la oficina porque en casa me aburro”, como si la vida fuese una mediocre dicotomía casa-oficina. Despertemos de   una vez de este pensamiento de esclavos.

imagesCreo que el medio de lucha más eficaz es la “huelga general del consumo”, es decir, reducir de manera drástica el consumo de bienes industriales dándonos de baja voluntariamente de nuestros empresas-estado y alejarnos de sus circuitos comerciales, aprendiendo a producir de otra manera todo aquello que consideramos esencial para nuestro bienestar.

Esta forma de ver las cosas es cada vez menos utópica y la realidad nos muestra como en muchísimas parte del mundo el movimiento altermundista ocupa cada vez más espacios públicos (ver el documental francés “Demain”) y edifica poco a poco una realidad paralela a esta del estado-empresa accionista, jugador de casino, mafioso institucionalizado que divide a los ciudadanos entre aquellos que producen PIB y los que no.

Cualquiera de nosotros puede aportar su pequeño ladrillo a este nuevo mundo que florece y que pugna ante todo por recupera la tierra (humano viene de “humus” que es el sustrato orgánico de la tierra) de la que formamos parte. Hoy cada vez más personas se dan cuenta que la rehumanización de la sociedad pasa por la desmercantilización de uno mismo.

En mi caso muchas cosas han cambiado en mi manera de relacionarme con el mundo así como en mis hábitos de consumo y lo más sorprendente es que la realidad alrededor se ha transformado y todo me parece hoy mucho más positivo. Antes me solía deprimir creyendo que las cosas no cambiaban. ¡Ahora sólo veo como todo cambia a mi alrededor! Tal vez vivir en una ciudad del norte de Europa también ayude.  Ignoro si en España, mi país natal, tendría la misma impresión, pero seguro que sí pues la realidad no deja de ser una proyección de nuestra conciencia.

El número de desertores, de trabajadores que se autodespiden de este sistema, crece cada día.

En mi caso y comparado con muchas otras personas, mi contribución es todavía miníscula, pero varias cosas han cambiado en estos tres últimos años de mi vida.

  • He dejado radicalmente de utilizar cosméticos industriales. Mi cuarto de baño parece hoy una cocina en la que sólo hay aceites naturales (oliva, argán, coco y linaza) que me sirven de cremas, con lo cual todas esas sociedades de productos como L’Oreal y compañía, no se repartirán nunca más sus dividendos gracias a mi contribución y sus laboratorios de experimentación animal no serán financiados con mi bolsillo. También me fabrico yo misma mi pasta de dientes con arcilla, aceite esencial de menta y bicarbonato.Otra cosa que he descubierto es que el cabello no necesita de champús ni cremas y que naturalmente lo tenemos limpio (¿Cómo hacían antes los seres humanos? ¿Creéis que andaban con sus pelos grasientos por el mundo?) y desde hace seis meses formo parte  de esta fantástica tendencia del no-poo que además de sentarle genial a mi pelo, limpia el cuarto de baño de todos esos antiestéticos botes de plástico. Un poco de arcilla y vinagre de manzana y el cabello  está perfecto!
  • He dejado de consumir carne. En mi caso ha sido fácil pues creo que en el fondo mi verdadera naturaleza siempre fue vegetariana. No me opongo al consumo tradicional (el cerdo que se mata en familia) pero me opongo radicalmente al maltrato animal en mataderos industriales de muerte en cadena; realidad hacia la que,  gracias a internet, somos cada vez más conscientes y sensibles. Hoy somos en el mundo 600 millones de vegetarianos, si fuésemos una nación seríamos ya más grande que toda la UE (Philipp Wollen). Además, aunque uno no sea sensible hacia los animales,  todos sabemos que la industria cárnica es una de las principales causas del calentamiento del planeta, la degradación de las tierras, la contaminación atmosférica y del agua, y la pérdida de biodiversidad.
  • Aunque todavía tengo coche (deshacerme de él sea tal vez el próximo paso pues al menos en esta parte de Europa, es cada vez más fácil alquilar un coche eléctrico si lo necesitas) intento limitar su uso al máximo y prefiero caminar o coger la bicicleta (cuando veo una ciudad como Copenhagen donde ya el 80´% de la población la utiliza como medio de transporte no  puedo evitar pensar que pronto será así en todo el mundo y la bicicleta será pronto el primer medio de transporte para todos)
  • He dejado de consumir comida industrial y boicoteo (el BOICOT es el verdadero poder!) todos los productos Monsanto (marcas como Coca-cola y toda la familia están absolutamente erradicadas de mi alimentación) y compro comida sólo en mercados bio. En Bruselas es cada vez más fácil y una vez por semana hago grandes compras a granel en el Marché de Tanneurs donde podemos comprar directamente al productor. Me he comprado además una buena máquina de zumos que se han convertido en la base de mi alimentación.
  • En temas de ropa nunca he sido muy consumista. Una o dos veces al año me compro algunos trapillos o los heredo de mi madre o hermana, así que no he tenido que cambiar gran cosa.
  • Nunca veía la televisión, así que ¿para qué tener una? Televisión a la basura con todo su ruido y agitación
  • En un mundo que va hacia el dinero virtual y el chip bajo la piel, me abstengo de mantener relaciones (ni hipotecaria ni de ninguna clase) con el banco. Sólo una cuenta donde guardo una parte de mi dinero. La otra la he transformado en oro. No como una inversión pues no me gusta pensar en esos términos, sino como un gesto simbólico y de recuperación del valor real. El día que me compre una casa será una pequeña de campo con una huerta y lo básico para vivir en simplicidad voluntaria y en contacto con la naturaleza. Creo que este es el camino y que la mayor parte de nosotros hemos empezado a seguirlo naturalmente.

531818_509864405736312_2001909414_nNo esperes a que  ningún poder tome decisiones por tí. Un mundo de ciudadanos capaces de autogobernarse sería un mundo imposible de manipular por parte de ningún gobierno y estos estados-empresas no podrían sobrevivir a una deserción masiva del consumo industrial. Estarían obligados a reciclar todos sus valores calculadores y empresariales mezquinos (existismo, competición, trabajo, beneficio, consumo, bla, bla, bla) y transformarlos en valores humanos (bienestar, felicidad, espiritualidad, conocimiento, respeto a los animales, cultura)

Sería un mundo de ciudadanos libres y no de trabajadores  sumisos.

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