Una reflexión sobre el trabajo

132404TravailmdivalLa esclavitud existe todavía, lo que pasa es que el capitalismo ha tenido la deferencia de poner al trabajo en el mismo pedestal que la libertad y la dignidad.

En la época de Aristóteles el hombre libre era aquel que disponía de tiempo  para dedicarse a las artes nobles: pensamiento, filosofía, enseñanza, medicina, arte… Las artes nobles son autotélicas, pues no se realizan para obtener algo a cambio sino que tienen en sí mismas la justificación de su propio fin.
Algunas de ellas son en nuestros tiempos residuales o clasificadas como “hobbies” o “tiempo libre” (como si el tiempo pudiese ser otra cosa). Otras como el pensamiento han dejado de ser disciplina, las más desafortunadas han pasado a considerarse trabajo, como es el caso de la medicina, y todas y cada una de ellas han dejado de ser autotélicas (incluida la educación, cuando no debería haber nada más autotélico que la educación. El fin mismo de la educación es la educación misma y en ningún caso la inserción en el mercado laboral ni la obtención de una puntuación o un diploma).

El hombre esclavo trabajaba y como consecuencia de ello se le privaba de ese precioso bien que era el tiempo. El trabajo era por definición esclavo (noten ustedes que el origen etimológico de la palabra trabajo viene de tripalium: instrumento de tortura) pues privaba al hombre de su tiempo de vida. Para compensar ese robo, se le daba al trabajador techo y comida. En el la época romana todos los altos funcionarios del imperio eran considerados esclavos independientemente de su buena retribución económica o su buen estatus social.
En la Alta Edad Media el campesino trabajaba las tierras del señor a cambio de tierra propia y sólo los “jornaleros” o “asalariados”, los más pobres de la escala social, tenían que trabajar para subsistir pues carecían de tierra. Exactamente como los asalariados de nuestro tiempo.

El trabajador de la antigüedad, justamente llamado esclavo, si quería liberarse de sus cadenas pedía la libertad.
El trabajador de nuestro tiempo si quiere liberarse de sus cadenas no puede pedir libertad, puesto que la libertad es trabajo. ¿Qué hace entonces? Pues sale a la calle con una pancarta y pide mas trabajo, o sea, más dignidad y más libertad.
No puedo evitar pensar en lo divertido que esto resultaría a los esclavos de antes.

Estoy firmemente convencida de que la gran tragedia de la humanidad es que no hemos liberado al hombre esclavo sino que hemos esclavizado al hombre libre

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