El sistema escolar o la preservación del cosmos.

escolarizar el mundo“Es en nuestra naturaleza salvaje donde se halla la preservación del mundo”, decía el hoy olvidado filósofo y naturista Henry David Thoreau en su obra Walking.
Por su parte, ya en nuestros días, el pensador americano Jack Turner, en su magnífica colección de ensayos The abstract wild (en español: la naturaleza salvaje abstracta) se preguntaba cuántos de nosotros  podemos comprender realmente el sentido de la afirmación de Thoreau.

Turner señala que se suele interpretar la cita de Thoreau erróneamente, entendiendo que los defensores del estado salvaje proponemos como solución la vuelta a la edad de piedra. Pero Thoreau no ha escrito que la vuelta a la edad de piedra sea la solución sino que “la naturaleza salvaje protege el mundo”.

¿Qué quiere decir entonces con esto? Primero, hemos de saber que la palabra inglesa “wild” (salvaje) procede del sustantivo “will” que se traduce por “voluntad”. Por ejemplo,“self-willed” quiere decir  “dotado de voluntad propia” y en consecuencia podemos decir que el salvaje es el hombre dotado de voluntad; el hombre que vive según su propia naturaleza interna y no dejándose llevar por fuerzas externas ajenas a él mismo.

Por otro lado y al igual que  Turner, yo me pregunto qué quiere decir Thoreau exactamente cuando habla de “mundo”.
Pues bien, al final de su libro Walking, escribe que los griegos llamaban al mundo Kosmos – κόσμος- es decir “orden”, por lo que debemos entender la cita de Thoreau como la relación natural que se produce entre el hombre libre, dotado de voluntad propia (autodeterminación) y el orden armonioso del cosmos; del mundo.

“Es en nuestra naturaleza salvaje donde se halla la preservación del mundo”. Thoreau afirma pues, que la autoderminación del ser humano protege (preserva) el orden del mundo.

La escuela pública

escuela prusia

Es a principios del siglo XIX, en la época del despotismo ilustrado, que aparecen por primera vez en Prusia las primeras escuelas públicas y gratuitas.

A falta de soldados para la guerra, el rey Federico I impulsó la creación de centros de enseñanza inspirados en valores militares: sistema de premios y castigos, organización de los alumnos en filas, respeto a la jerarquía, horarios estrictos, sonido de la campana para marcar el ritmo del tiempo y del trabajo, etc.
La idea era en esta época fabricar un ejército de soldados obedientes, sumisos a la autoridad y con un sentido estricto del trabajo y la disciplina, aptos para la guerra.

desescolarizaciónAños más tarde los franceses, bajo el imperio de Napoleón, mejorarían el modelo prusiano convirtiéndolo en lo que hoy conocemos como escolaridad. En la época de la revolución industrial este modelo se adaptaría a las nuevas necesidades de los estados y en pleno siglo XX ya no sería necesario formar soldados para la guerra sino un nuevo ejército de soldados capacitados para el nuevo mercado laboral y orientados directamente hacia la “especialización” que convertiría a cada ser humano en un experto en su compartimento específico y en un ignorante universal. Una inversión en el futuro económico y el desarrollo industrial de las naciones.
“Nuestras escuelas son fábricas donde las materias primas –los niños- se transforman en productos manufacturados y las características de fabricación responden a las exigencias de la civilización del siglo XX”, afirma Thoreau.

Entre los arquitectos de la educación moderna se encuentra William Torrey Harris, diputado de Educación en los Estados Unidos entre 1889 y 1906, para quien “el niño”, “el salvaje” y “la naturaleza” son conceptos equivalentes.

  • “La naturaleza es en sí misma la antítesis de la naturaleza del hombre civilizado. Superado el estado salvaje -totalmente vicioso- añade, el hombre se eleva materializando sus ideas en instituciones y hallando así en esos mundos ideales su verdadero hogar y su verdadera naturaleza”.

Para este ideólogo de la escuela moderna la administración era la verdadera cuna del hombre civilizado.
El objetivo de la escuela es pues el de educar a los niños lejos del estado de naturaleza y conducirlos a ocupar sus puestos en el gran proyecto humano civilizatorio en el que las naciones y los pueblos del mundo serán clasificados, como en la escuela misma, según el grado alcanzado por cada uno en este ideal de humanidad (desarrollados o subdesarrollados).

Las culturas que no veían las cosas de esta manera o no alcanzaban el ideal publicitado de consumo, se verían confrontadas a la siguiente elección: “adoptar nuestra cultura y volverse intelectualmente productivos o desaparecer”, vaticinaba William Torrey Harris.

La mayor parte han ya desaparecido

Los años de confinamiento

desescolarización
“Escuela industrial indígena de Carlisle », abierta en 1879. Una verdadera fábrica de etnocidio.

Todos nosotros hemos crecido con la escuela como un componente natural de nuestras vidas, sintiendo el colegio como un elemento esencial de la infancia humana y no como un experimento extremadamente reciente de ingeniería social a gran escala.

Estos objetivos originarios de la escuela se han insertado magistral y naturalmente en la estructura de la enseñanza moderna – con todos sus sistemas subyacentes de control, confinamiento, estandarización y evaluación a través de premios y castigos – sin que ya nadie se pregunte ni acerca de sus orígenes ni de la conveniencia ética o moral de tales prácticas.

Cuando se enfrenta a su primer día de colegio lo normal es que el niño se deshaga en llanto. Es entonces cuando la maestra hace su trabajo y nos dice que no nos preocupemos, que en cuanto nos hayamos ido nuestro hijo se irá sintiendo mejor y acabará por adaptarse. Es una cuestión de días. Y así es. El niño acaba por adaptarse a un entorno de paredes verdosas o anaranjadas, lámparas halógenas, inhóspitos pasillos y ventanas que lo separan del mundo exterior, es decir, el mismo entorno al que deberá enfrentarse el día de mañana en el mercado laboral.
Algunos niños se adaptan rápido. Otros, no llegan a adaptarse del todo y pasan su infancia mirando a través la ventana, ignorando las lecciones del maestro y soñando con otros mundos posibles.

Los años de confinamiento llegan a su fin y el niño se convierte en adulto. Las paredes verdosas o anaranjadas, las lámparas halógenas, los sonidos de la campanilla y los inhóspitos pasillos se han convertido en su mundo y una gran parte de  su tiempo de vida ha transcurrido encerrado en una “j-aula”.
Estos niños no conocen los nombres de los árboles al otro lado de la ventana y no saben nombrar los diferentes pájaros que se posan en sus ramas. Tampoco conocen los movimientos de la luna ni de las mareas, no saben orientarse siguiendo los movimientos del sol, no saben trabajar el campo y no se han confrontado a la realidad de la muerte. Nunca han visto un parto y no saben curar heridos. « No saben que ellos existen en el seno del universo, en un planeta donde a lo largo de su vida deberá aprender a cuidar sus recursos, ya que él depende del aire, del agua y del resto de seres vivos y que al mínimo error, a la mínima violencia, podría poner todo en peligro” decía Marguerite Yourcenar, otra gran crítica de la educación moderna.

misioneros etnocidioUn niño libre, en contacto con su mundo exterior y en permanente diálogo con su entorno, aprenderá todas estas cosas naturalmente. Un niño escolarizado, sin embargo, olvidará la mayor parte de las enseñanzas del programa administrativo de turno porque se las imponen coercitivamente, evaluando constantemente si sabe lo suficiente como para estar entre los mejores o debe conformarse con ser un mediocre o un fracasado. Construimos y destruimos de esta manera la autoestima de los seres humanos de acuerdo a un sistema absurdo de puntaciones del uno al diez y el resultado de todo esto es que uno de cada cuatro niños acaba la escuela sin saber que la tierra gira alrededor del sol.

Un niño que sabe dónde encontrar castañas, bayas silvestres o setas comestibles no olvidará jamás esta información. Una persona “no educada” del altiplano de Papúa Nueva Guinea puede reconocer 70 especies diferentes de pájaros en función de sus cantos. Un chamán iletrado de la Amazonia puede identificar cientos de hierbas medicinales. Un aborigen de Australia guarda en su memoria el mapa de un territorio de 1600 kilómetros, codificado en cantos. Tenemos todos los seres humanos la capacidad natural de asimilar una enorme cantidad de información sobre el mundo que nos ha visto nacer y de transmitirla a las generaciones siguientes.

Pero para conocer el mundo, tenemos que vivir en él.

Tras siete generaciones sometidas a esta experiencia planetaria de ingeniería civil llamada escuela, tenemos que preguntar hoy a alguno de los “especialistas” especializados en alguna de las muchas especializaciones que ofrece el mercado educativo qué es lo que está pasando. Numerosos estudios nos revelan así que la desconexión de la naturaleza aumenta las tasas de ansiedad, depresión y estrés, pero parece que todavía no queremos darnos cuenta hasta qué punto esta separación afecta a nuestro aprendizaje.

“Aprender” no debería ser concebido como una actividad particular, sino como el resultado natural de estar vivos en el mundo, afirma la psicóloga Suzanne Gakins.
Son de sumo interés en este sentido sus estudios sobre la “atención abierta”. Los niños escolarizados presentan problemas serios de atención y esto es porque se ven obligados a reducir su atención natural  en favor de la “concentración”, es decir, están obligados a abstraerse de lo que está ocurriendo a su alrededor y renunciar a sus capacidades naturales de observación. Estos niños viven en permanente estado de asfixia (levantarse a las ocho, reaccionar al sonido del timbre, cambios de temas, cambios de aulas, recreos, actividades, ejercicios…)  como si fuese lo más natural del mundo. Si el niño abandona el estado de concentración y deja su mirada vagabundear naturalmente a través de la ventana  se dirá que tiene problemas de atención y deberá acudir a clases de refuerzo. Suzanne Gakins y otros investigadores llaman a este tipo de atención (la atención natural sin concentración, esa mirada que vagabundea) “atención abierta” y se aproxima, según la psicóloga, al concepto budista de “plena conciencia”. Si algo se mueve en el campo de visión de un niño con atención abierta, podrá pasar horas y horas observándolo y asimilará su cultura y construirá su identidad a través de un proceso natural de ósmosis. Los niños forzados a permanecer en estado de concentración acaban por perder su capacidad natural de observación.

Evidentemente una vez que hemos pasado tanto tiempo de nuestra vida aislados y nuestra capacidad de atención abierta ha terminado por agotarse, cuando llegamos a la  edad adulta y nos vemos libres de la época de confinamiento escolar todo nos resulta confuso. Todo nos aburre, estamos desorientados y no tenemos claro el papel que nos corresponde desempeñar en el mundo. Ni siquiera nos han enseñado lo fundamental, esto es, que ocupamos un lugar en el cosmos y que somos responsables de su preservación. Estamos muy lejos del camino del autoconocimiento y la soberanía individual – objetivo clave en la realización personal de un ser humano- pues hemos sido educados para someternos a autoridades ajenas y vivir en un estado de ausencia de nosotros mismos.

Si limitamos demasiado la fuerza de voluntad de un niño se volverá rebelde y no cooperativo. En las culturas no industrializadas los adultos comprenden que el espíritu humano es salvaje en sí mismo (dotado de voluntad propia) y los niños crecen en toda libertad. Son libres de moverse, de preguntar cualquier cosa o responderla, libres de pensar en voz alta.

Para los primeros misioneros de América y África esto supuso una gran fuente de frustración, pues los esfuerzos por educar a niños indígenas se veían obstaculizados por padres que no aceptaban ni la más mínima agresión física sobre sus hijos. “Los salvajes – se quejaba el misionero jesuita Paul le Jeune en 1633- son incapaces de castigar a un niño, incapaces de ver a un ser humano castigado. Esto hace verdaderamente difícil el éxito de nuestra misión educativa entre los jóvenes”.

El aprendizaje debe fundarse sobre el principio ético de no-interferencia con el fin de garantizar el derecho de cada ser humano de llevar a cabo sus propias elecciones vitales siempre y cuando no interfieran en las elecciones de los otros y como explica Leanne Betasamosake Simpson, escritora de origen Anishinaabe, el aprendizaje – como toda relación humana- deber basarse sobre el principio ético de “consentimiento” en aras de garantizar el derecho de todo ser humano a no aceptar sobre sí mismo ni violencia ni coacción. Simpson añade: “Si los niños aprenden a normalizar la dominación y la ausencia de consentimiento en el ámbito de la educación escolar, cuando sean mayores no sabrán establecer límites sobre sí mismos y serán individuos fácilmente manipulables por aquellos que ostentan el poder”

Escolaridad alternativa o desescolarización

 Llegados a este punto, me gustaría hacer una pequeña aclaración personal y es que siempre me ha resultado interesante, desde mi propia experiencia, pero también observando la experiencia ajena, la relación que han tenido la mayor parte de artistas o científicos de nuestras sociedades occidentales con el colegio. Verdi no fue admitido en la Escuela Superior de Música de Milán. Picasso, Leonardo da Vinci o Debussy fueron malísimos estudiantes. Charles Darwin era, según sus maestros, “un chico que se encuentra por debajo de los estándares comunes de la inteligencia. Es una desgracia para su familia”. Stephen Hawking recuerda sus años de la universidad como un periodo de “aburrimiento y con la sensación de que no mereciera la pena esforzarse”. Y todos conocemos la famosa cita de Einsten “La educación es lo que queda después de que uno ha olvidado lo que aprendió en la escuela”.

Los ejemplos son innumerables. Niños distraídos cuyas miradas vagabundeaban a través de la ventana, acusados permanentemente de no escuchar, de estar en la luna. Estas personas creativas fueron niños salvajes que, a pesar de todo, consiguieron preservar su verdadera naturaleza por encima del yugo institucional domesticador y  cuando llegan  a ser personas adultas rescatan a ese niño que no pudo expresarse y lo liberan. Empiezan a ser verdaderamente niños a la edad adulta y es por ello que sus obras sorprenden por su grado de ingenio y libertad. Son hombres y mujeres salvajes. Son hombres y mujeres dotados de voluntad.

Otros, sin embargo, no tienen la misma suerte y llegados a la edad adulta, acaban por sentirse extraviados, incapaces de adaptarse al mundo de la competitividad y la esclavitud laboral que se les ofrece. Sin voluntad son fácilmente conducidos por fuerzas externas, arrojados a la corriente turbulenta de un mundo hostil donde el trabajo y el salario son las únicas razones de existir y el éxito se mide en cifras. Algunos caen en las drogas, el alcohol, el pesimismo y la frustración. Separados de la naturaleza que es lo mismo que separarse del yo interior, la vida es un lugar sin sentido y cargan así con un oculto sentimiento de culpa, ese mismo que les inculcaron en la escuela; la baja autoestima del que ha suspendido o se sabe “insuficiente”.

Y los demás pues se adaptan como los roedores a las jaulas. Muchos de los que ocupaban las primeras filas dirigen hoy bancos y multinacionales y ostentan el poder político y financiero. Nunca se han acercado ni por asomo a su naturaleza salvaje y han vivido en un estado de ausencia de sí mismos, defendiendo cosas que en el fondo- sin saberlo- les son completamente ajenas e identificando su persona con un puesto profesional, un estatus social o una ideología acorde a sus intereses.

***
Entre los numerosos críticos de la escuela moderna, se hallan dos pensadores que además de su trabajo intelectual han llevado a cabo sendos proyectos de educación alternativa: Krishnamurti y Rudolph Steiner.

Ambas escuelas exploran la relación del alumno con la naturaleza y abordan cuestiones psicológicas como el miedo, la autoridad, la competencia, el amor y la libertad. Son espacios de discusión y debate donde se presta mucha atención a la calidad del lenguaje que, como sabemos, es el sustento del pensamiento. Un lugar donde explorar las dudas existenciales más profundas en una atmósfera de libertad y responsabilidad.

Krishnamurti escuela alternativa

Las escuelas de Krishnamurti se orientan hacia la educación del espíritu y por ello se edifican en espacios de gran belleza natural. Son espacios de convivencia, austeros pero cómodos, salas espaciosas y atractivas bibliotecas y laboratorios bien equipados. Se promueven las relaciones de mutuo afecto y amistad entre alumnos y maestros, no se separa a los alumnos por edad ni por sexo, ni se organizan las clases en filas. Se ofrece además una dieta vegetariana sencilla y completa.

Por otra parte, las escuelas Waldrof han evolucionado mucho desde la muerte de su fundador Rodolph Steiner, y parece ser que en sus comienzos tenían un componente más místico y espiritual, aunque esto no lo he podido comprobar.

Abordar la obra de este interesantísimo pensador es abrir las puertas a un nuevo mundo donde el pensamiento científico y la imginación se entremezcln sin límites. Fue fundador de la antroposofía, la agricultura biodinámica, la medicina antroposófica y también de la euritmia, que es el arte del transmitir a través del movimiento corporal aquello que en el interior del ser humano transcurre por medio de la palabra y de la música y que se ejercita a través de ejercicios de tipo coreográfico que sirven para expresar los tres aspectos del alma: el pensamiento, el sentimiento y, de nuevo, la voluntad.

Steiner y su proyecto Waldrof

Steiner fue un gran seguidor del pensamiento místico de Goethe y sobre la base de este misticismo fundó su proyecto educativo. Hoy en día son los hijos de los más ricos que acuden a estos centros de enseñanza (hay 160 escuelas Waldrof en Estados Unidos). Entre sus especificidades destaca la prohibición de ordenadores y cualquier tipo de tecnología. Paradójicamente los hijos de los grandes directores de la Silicon Valley, Google, Apple, Yahoo o Hewlett-Packard, envían a sus hijos a estas escuelas. El propio Steve Jobs sabía muy bien que los ordenadores destruyen la creatividad (y que una cosa es crear un concepto y otra alienarse al mismo) y a sus hijos, estudiantes todos ellos de la Waldrof, les prohibía utilizar ipads y videojuegos.

Vemos así que mientras las escuelas tradicionales de todas las naciones compran tecnología a la industria privada recalentando el motor de la economía internacional, las escuelas de los que crean esa tecnología para la plebe, se educan libres de ella.

A parte de estas dos escuelas existen muchísimos otros proyectos de escolaridad alternativa, entre ellos la desescolarización.
Son numerosas las familias en el mundo que asumen la educación de sus hijos al margen del dogma institucional. Quienes optan por este camino suelen ser padres con un alto nivel cultural capaces de asumir la educación de sus hijos integrándola naturalmente en sus vidas sin necesidad de hacer sonar un timbre o una campanilla. Un ejemplo es la familia Zapp, un matrimonio argentino que recorre desde hace quince años el mundo en un viejo Graham-Paige del año 1928 con sus cuatro o cinco hijos. La escuela de estos niños es el mundo mismo, la geografía y los conocimientos lingüísticos los adquieren durante el viaje, la lectura, el dibujo, el canto, la biología, la naturaleza, los nombres de los animales y de las plantas. También reciben clases de matemáticas y física, a veces a través de sus propios padres y otras, de profesores particulares. Estos niños no sienten una línea divisoria entre el trabajo y el ocio, sino que ambos forman parte de ese todo que es la vida.

Y no son los únicos, la escuela en casa es una opción revolucionaria para aquellos capaces de asumirla verdaderamente a nivel formativo.

El pensamiento binario. Verdadero o falso

desescolarizaciónLa visión dualista, el pensamiento binario, está profundamente anclada en nuestro sistema educativo y, por extensión, en nuestras mentes y en nuestras sociedades.

Separamos y contraponemos y enseñamos a separar y a contraponer lo bueno de lo malo, el trabajo del ocio, los profesores de los estudiantes, lo rico de lo pobre, el éxito del fracaso, lo salvaje de lo civilizado y lo verdadero de lo falso. Limitamos de esta manera la percepción múltiple de la realidad que tenemos en nuestro estado salvaje a un pensamiento maquinal, maniqueo y binario.

La realidad es una proyección de nuestra conciencia. Si nuestro pensamiento es binario nuestra realidad también lo será y en este sentido viviremos limitados. No es de extrañar que el ser humano cree hoy robots – hechos a imagen y semejanza de sus propios creadores – con una inteligencia tan artificial como la que se promueve en gran parte desde la enseñanza.

Siempre me han llamado la atención y me han hecho sentir incómoda los ejercicios tipo test “verdadero – falso”. Lo que debería enseñarse al alumno es que nada es verdadero ni falso en sentido absoluto sino que todo es cambiable, modificable y cuestionable. Cualquier axioma puede ser desmontado en un futuro y en este sentido la verdad y la falsedad son conceptos impostores y engañosos que nos conducen a la certitud y al prejuicio, a ser incapaces de escuchar y cuestionar verdaderamente, juzgando por nosotros mismos, todo aquello que nos cuentan los teólogos de las ciencias y las verdades irrefutables.

***

Nos hemos subido al barco de este gigantesco proyecto distópico, hemos izado la bandera del progreso económico surcando, viento en popa a toda vela,  los mares de la usura y la ambición, poniendo a prueba al mismo Cosmos y tratándolo como si fuese una pequeña choza susceptible de algunas chapuzas y reparaciones, acomodándolo a nuestro gusto y conveniencia.

Pero los ingenieros sociales del progreso saben muy bien que, más allá de cualquier plan domesticador, cada ser humano que nace nace en estado salvaje. Todo ser humano nace dotado de voluntad y por lo tanto nace humano. Ningún robot podrá jamás tener tal privilegio y esto es lo que nos diferencia principalmente de ellos; nuestra naturaleza salvaje.

 goran-djurovic-cubiclesLos planes domesticadores funcionan, como funciona la monocultura, las instalaciones petrolíferas que succionan la sangre de la Tierra, la producción y el consumo a gran escala  y la  cultura de masas. Esta educación orientada a un mercado especializado convierte a nuestros hijos en engranajes de una maquinaria de producción a gran escala que destruye nuestras vidas y nuestro planeta a un ritmo que escapa a nuestro control.

Los profesores más rebeldes intentan paliar estos efectos deplorables y transmitir otro tipo de enseñanza. Cierto que algunos incluso consiguen abrir una pequeña ventana a otro mundo. En mi caso particular, durante los trece años de confinamiento estéril por los que tuve que pasar antes de entrar en la universidad y seguir siendo, durante algún tiempo, un no ser, es decir, una entidad desprovista de soberanía e individualidad,  sólo hubo , digo, en esos trece años un profesor capaz de enseñarme algo importante. Tuvo que ser por supuesto un profesor de filosofía del antiguo curso de orientación universitaria (COU) que instaló en el instituto una enseñanza a contracorriente. Se llamaba Niti y tenía a todo el profesorado de los nervios pues se negaba a seguir el programa al pie de la letra. Entre otras infracciones, Niti destruía las filas y las convertía en una U ocupando su puesto en el centro e intercambiándolo con cualquier alumno según el orden de preguntas y respuestas que íbamos planteando. También íbamos a la playa y al campo y siempre no sentábamos en círculo. Supe por primera vez a mis dieciocho años que hacerse preguntas y respuestas acerca de la vida y de la muerte era una actividad natural y propia del hombre, pero yo nunca había oído a nadie hablar en estos términos con la naturalidad de Niti ni utilizar palabras como “humanismo”, “espiritualidad” o “alma”. Supe que contrariamente a lo que me había enseñado el resto del mundo, no había certitudes ni verdades universales y que todo, absolutamente todo, era cuestionable. Supe que hubo un tiempo en que la escuela y el ocio eran todo uno (escuela del griego “skolé” quiere decir “tiempo libre”) y que estudiar no era un trabajo ni un deber, sino uno de los muchos placeres de la existencia, como correr o nadar o hacer el amor.

Niti no nos puntuaba pero sí nos hacía leer y leer y analizar muchos textos. Los resultados de nuestros análisis los comentaba con nosotros individualmente y se aseguraba de que habíamos aprendido lo fundamental, es decir, que habíamos aprendido a dudar.

Estos profesores son excepcionales y hay uno entre un millón. No hay que confundirlos con esos otros que también tratan de mitigar los efectos deplorables de una rígida institucionalización tratando de hacer de la enseñanza un juego ridículo, convirtiendo los absurdos deberes en absurdas diversiones y los ejercicios en entretenimiento. Estos profesores animan como los payasos de un circo a sus invitados (de hecho en Bélgica y en Francia ya existe el cargo profesional de “animateur” de colegio) o como los guardianes de los zoológicos ofreciendo baloncitos y pelotitas de goma a los osos polares en cautiverio.

Pero la naturaleza es demasiado maravillosa como para que un jueguecito de goma pueda remplazar las montañas de nieve y los glaciales del Ártico y los niños más salvajes – esos de las últimas filas, esos de las clases de refuerzo y pedagogía- lo saben bien. Esos niños son como los canarios en las minas de carbón, esos niños no obedecerán a sus maestros, ni a sus dirigentes políticos ni a sus reyes y no ocuparán un puesto en el engranaje de la maquinaria que destruye el planeta. No son ellos quienes tienen un problema. Al contrario. Esos niños llevan en sus corazones la perfección del Cosmos.

La revolución no tendrá lugar en un aula de clase.

Es en nuestra naturaleza salvaje donde se halla la preservación del mundo.


Este texto ha sido tomado en parte del artículo de Carol Black , traducido al francés por Jessica Aubin “La révolution n’aura pas lieu dans une classe”, de la obra “Walking” de Henry David Thoreau,  de mis lecturas de Rodolph Steiner e Ivan Illich, del segumiento del proyecto “Schooling the World” así como de mis vivencias y experiencias personales.  Adjunto sin traducir las referencias históricas tal y como aparecen el artículo de Jessica Aubin.

Les dejo un documental interesantísimo y muy recomedable sobre este tema “Escolarizar el mundo” . Desafortunadamente no he encontrado traducción al español, aquí os dejo el vídeo en inglés y en francés

Inglés

Francés

Note de fin (NdE) : Aussi perturbant que cela puisse paraître aux yeux de beaucoup, habitués à entendre le sempiternel refrain selon lequel l’école (l’éducation nationale, ou étatique) est un progrès merveilleux, une chance inestimable, et autres fadaises, l’école est en effet historiquement et fonctionnellement une institution d’endoctrinement, de colonisation, et, nous pourrions dire, une arme de destruction massive des cultures, des communautés, de la diversité et de la liberté humaines. Quelques exemples, pour l’illustrer, par ordre chronologique :

“Tant qu’on n’apprendra pas dès l’enfance s’il faut être républicain ou monarchique, catholique ou irréligieux etc., l’État ne formera point une nation ; il reposera sur des bases incertaines et vagues ; il sera constamment exposé aux désordres et aux changements”.

“Mon but principal, dans l’établissement d’un corps enseignant, est d’avoir un moyen de diriger les opinions politiques et morales”.

— Napoléon Bonaparte (1806)

La loi Falloux (1850), proclame que “L’enseignement est libre” tout en ajoutant que “La liberté d’enseignement s’exerce selon les conditions de capacité et de moralité déterminées par les lois, et sous la surveillance de l’État. Cette surveillance s’étend à tous les établissements d’éducation et d’enseignement, sans aucune exception.”

“Dieu dans l’éducation, le pape à la tête de l’Église, l’Église à la tête de la civilisation”.

— Comte de Falloux (1856)

“Dans les écoles confessionnelles, les jeunes reçoivent un enseignement dirigé tout entier contre les institutions modernes […] si cet état de choses se perpétue, il est à craindre que d’autres écoles ne se constituent, ouvertes aux fils d’ouvriers et de paysans, où l’on enseignera des principes totalement opposés, inspirés peut-être d’un idéal socialiste ou communiste emprunté à des temps plus récents, par exemple à cette époque violente et sinistre comprise entre le 18 mars et le 24 mai 1871.”

— Discours de Jules Ferry au Conseil général des Vosges en 1879.

“Ce qu’il faut surtout recommander à l’ouvrier, c’est l’ordre, c’est l’économie, par-là, on s’élève, pas tout d’un coup bien entendu. Mon père n’avait rien, j’ai quelque chose ; mes enfants, s’ils font comme moi, doubleront l’argent que je leur laisserai et mes petits-enfants seront des messieurs. C’est ainsi qu’on s’élève dans la société”.

— Pierre Laloi / Ernest Lavisse, “Petites Histoires pour apprendre la vie” (1887)

“D’après l’expérience constante de ceux qui ont consacré leur vie à l’éducation de la race noire, il n’y a presque rien à faire avec les adultes qui n’ont jamais travaillé et qui, à peu d’exceptions près, se donneront bien garde de le faire pour enrichir un autre plus rusé qu’eux, comme ils le disent ingénument eux-mêmes. Il faut donc commencer par les jeunes générations et leur apprendre de bonne heure que le travail est un honneur et non pas un esclavage, il faut pour cela, multiplier ces établissements hospitaliers, où les institutions agricoles ne le cèdent en rien à la culture intellectuelle et morale, c’est seulement en faisant marcher de front ces deux choses, que l’on pourra civiliser l’Afrique et obtenir du Noir ce travail constant, qu’aucun Européen ne pourra fournir sous le climat débilitant de l’équateur africain.”

— La barbarie africaine et l’action civilisatrice des missions catholiques au Congo et dans l’Afrique équatoriale (1889)

“De nombreuses écoles ont été créées ; l’instruction est obligatoire. Une loi impose aux parents, aussitôt que leurs enfants ont atteint l’âge de pouvoir apprendre, de choisir une école et de les y placer. […]

Lorsque l’enfant est entré à l’école, il est interdit de l’en retirer avant qu’il ait acquis une instruction qui d’ailleurs est assez sommaire. […]

L’enseignement comprend la langue malgache et les langues française et anglaise et des études primaires très rapides. […]

Quelques ouvrages d’enseignement ont été traduits en malgache et sont en usage dans les écoles. On a de même traduit des ouvrages de littérature et de science.”

— France civilisatrice (1895)

“Il ne suffît pas, pour assurer le relèvement moral des populations indigènes, de leur donner le goût du travail ; il faut encore leur fournir les moyens, une fois ce premier résultat acquis, de continuer à gravir les différents échelons qui les mèneront, en fin de cause, au maximum de progrès dont elles sont susceptibles. […]

L’enseignement est un des facteurs puissants qui facilitent cette tâche ; aussi l’État du Congo s’y est-il particulièrement intéressé. […]

La part qui revient aux missions dans l’œuvre civilisatrice est considérable : la régénération de la race noire est, en effet, l’objet des préoccupations des missionnaires et leur participation à l’œuvre d’enseignement est un appoint sérieux aux efforts tentés par le Gouvernement dans cet ordre d’idées.”

— L’œuvre civilisatrice au Congo belge, chapitre “La régénération morale de l’indigène : L’enseignement.” (1912)

L’éducation nationale ou étatique est un projet. Un projet initialement élaboré par les dirigeants des empires et des royaumes, qui deviendront ensuite des pays et des états (démocratiques, cela va sans dire, par quelque tour de passe-passe, monarchie, abracadabra, démocratie), visant à promouvoir amour et loyauté envers l’organisation politique et économique qu’ils souhaitent voir régner sur leur territoire. C’est donc aussi un outil, un outil d’acculturation, d’endoctrinement, de fabrication du consentement, qui cache, sous une prétention philanthropique, une volonté autoritaire, dont l’objet est d’instaurer et de faire respecter un ordre institutionnel élaboré de manière antidémocratique, non pas par le peuple, mais par des minorités au pouvoir.

Comme le résume le professeur de sciences politiques à Yale, James C. Scott :

“Une fois en place, l’État (nation) moderne a entrepris d’homogénéiser sa population et les pratiques vernaculaires du peuple, jugées déviantes. Presque partout, l’État a procédé à la fabrication d’une nation: la France s’est mise à créer des Français, l’Italie des Italiens, etc.

Cette tâche supposait un important projet d’homogénéisation. Une grande diversité de langues et de dialectes, […] a été, principalement par la scolarisation, subordonnée à une langue nationale, qui était la plupart du temps le dialecte de la région dominante. Ceci a mené à la disparition de langues, de littératures locales, orales et écrites, de musiques, de récits épiques et de légendes, d’un grand nombre d’univers porteurs de sens. Une énorme diversité de lois locales et de pratiques a été remplacée par un système national de droit […].

Une grande diversité de pratiques d’utilisation de la terre a été remplacée par un système national de titres, d’enregistrement et de transfert de propriété, afin d’en faciliter l’imposition. Un très grand nombre de pédagogies locales (apprentissage, tutorat auprès de “maîtres” nomades, guérison, éducation religieuse, cours informels, etc.) a généralement été remplacé par un seul et unique système scolaire national, dont un ministre français de l’Éducation s’est un jour vanté en affirmant que, puisqu’il était précisément 10h20, il connaissait le passage précis de Cicéron que tous les étudiants de tel niveau étaient actuellement en train d’étudier partout en France. La vision utopique d’uniformité fut rarement réalisée, mais ces projets ont néanmoins réussi à abolir une multitude de pratiques vernaculaires. […]

Et si nous soumettions l’école au même examen ? Après tout, l’école est une importante institution publique de socialisation pour les jeunes d’une très grande partie du monde. La question est d’autant plus pertinente compte tenu du fait que l’école publique a été inventée à peu près au même moment que la grande usine concentrée sous un seul toit, et que les deux institutions ont clairement un air de famille. L’école était, dans un sens, une usine où l’on offrait une formation de base, soit des compétences minimales en calcul, en lecture et en écriture, afin de répondre aux besoins d’une société en pleine industrialisation. Gradgrind, la caricature du directeur calculateur et impérieux imaginée par Charles Dickens dans Les temps difficiles, sert justement à évoquer l’usine et ses routines de travail, ses horaires disciplinés, son autoritarisme, son ordre visuel enrégimenté et, tout particulièrement, la démoralisation et la résistance de sa main-d’œuvre juvénile.

L’éducation publique universelle est évidemment conçue pour accomplir bien plus que de produire uniquement la force de travail nécessaire à l’industrie. C’est à la fois, et à des degrés comparables, une institution politique et économique. Elle est conçue pour produire un citoyen patriotique dont la loyauté envers la nation surmontera les identités régionales et locales enchâssées dans la langue, l’ethnicité et la religion. La contrepartie de la citoyenneté universelle de la France révolutionnaire était la circonscription universelle. Ces citoyens patriotiques étaient davantage fabriqués, au sein du système scolaire, grâce à la langue d’enseignement, la standardisation, les leçons implicites d’embrigadement, l’autorité et l’ordre que par le programme scolaire officiel.

Le système scolaire primaire et secondaire moderne a été fortement altéré par les théories pédagogiques en constante évolution et, tout particulièrement, par l’abondance et la “culture des jeunes” en tant que telles. Ses origines, qui remontent à l’usine, si ce n’est à la prison, sont toutefois incontestables. L’éducation universelle obligatoire, en dépit de son caractère plus ou moins démocratisant, a également obligé tous les élèves, à quelques exceptions près, à aller à l’école. Le fait que l’assiduité scolaire ne soit pas un choix, c’est-à-dire un acte autonome, signifie que l’école, en tant qu’institution obligatoire, avec toute l’aliénation que cette contrainte entraîne, surtout lorsque les enfants commencent à être grands, se trompe dès le départ.

Toutefois, la grande tragédie du système scolaire public est que, dans l’ensemble, il est une usine à produit unique. Cette tendance a été exacerbée par la volonté, observée au cours des dernières décennies, de standardiser, mesurer, tester et comptabiliser. Ainsi, les motivations proposées aux étudiants, aux professeurs, aux directions d’écoles et aux districts scolaires ont eu pour effet de canaliser l’ensemble des efforts vers la fabrication d’un produit standard qui satisfait les critères établis par des vérificateurs.

Nous pouvons tous, aujourd’hui, constater le résultat de cette entreprise de standardisation du monde :

“Désormais, se trouve partout un modèle vernaculaire unique : l’État-nation de l’Atlantique Nord, tel que codifié au XVIIème siècle et subséquemment déguisé en système universel. En prenant plusieurs centaines de mètres de recul et en ouvrant grand les yeux, il est étonnant de constater à quel point on trouve, partout dans le monde, pratiquement le même ordre institutionnel: un drapeau national, un hymne national, des théâtres nationaux, des orchestres nationaux, des chefs d’État, un parlement (réel ou fictif), une banque centrale, une liste de ministères, tous plus ou moins les mêmes et tous organisés de la même façon, un appareil de sécurité, etc.”

De New-York à Kuala Lumpur, on aperçoit désormais les mêmes Starbucks, les mêmes Mac Donalds, les mêmes Ikea, et ainsi de suite. Partout sur Terre, on ne retrouve plus, à peu de choses près (à quelques détails folkloriques, quelques vestiges traditionnels superficiels près), qu’un seul mode de vie. La jeunesse des villes de Thaïlande, comme celle des villes de France, de Dubaï, de Panama, ou de Buenos Aires, cherche à s’insérer professionnellement dans la même organisation sociale, dans un même système économique et politique mondialisé. La civilisation est parvenue à mondialiser, entre autres joyeusetés, ses destructions environnementales, sa police d’État, sa propagande médiatique, ses dépressions, ses anxiolytiques, ses compagnies pharmaceutiques, ses inégalités économiques, etc. Pour cela, elle a pu et peut encore compter sur la mondialisation de son système éducatif.

“Scolariser le monde” (film documentaire)

Si vous vouliez détruire une culture en une génération, comment feriez-vous ?

Vous changeriez la manière dont les enfants y sont éduqués.

Le gouvernement des USA le savait bien, lorsqu’au 19ème siècle il inscrivait de force les enfants d’Indiens d’Amérique dans des écoles gouvernementales. Aujourd’hui, des bénévoles construisent des écoles dans toutes les sociétés traditionnelles du monde, persuadés que seule l’école est en mesure d’offrir une vie “meilleure” pour les enfants ruraux et indigènes.

Mais est-ce le cas ? Que se passe-t-il vraiment lorsque nous remplaçons l’ensemble des savoirs d’une certaine culture par le nôtre propre ? La vie devient-elle plus belle pour ses membres ?

SCOLARISER LE MONDE (réalisé par Carol Black) porte un regard défiant, parfois amusant, et finalement profondément troublant, sur le rôle joué par l’éducation moderne dans la destruction des dernières cultures soutenables, ancrées dans leur territoire écologique.

Filmé sur place, dans les magnifiques montagnes du Ladakh bouddhiste, dans le nord de l’Himalaya indien, le documentaire transmet les voix de Ladakhis à travers une conversation entre quatre penseurs : l’anthropologue et ethnobotaniste Wade Davis, qui travaille pour National Geographic ; Helena Norberg-Hodge et Vandana Shiva, toutes deux récipiendaires du prix Nobel Alternatif pour leur ouvrage avec les peuples traditionnels d’Inde ; et Manish Jain, un ancien concepteur de programmes éducatifs pour l’UNESCO, USAID et la Banque Mondiale.

Il examine les prétentions cachées de supériorité culturelle derrière les projets d’aide à l’éducation, qui cherchent ouvertement à faire en sorte que les enfants “s’échappent” vers “une vie meilleure”.

Il souligne l’échec de l’éducation institutionnelle à abolir la pauvreté – ici aux USA comme dans le monde soi-disant “en développement”.

Il questionne également nos définitions de la richesse et de la pauvreté – et du savoir et de l’ignorance – tandis qu’il dévoile le rôle joué par les écoles dans la destruction d’une agriculture traditionnelle soutenable et de savoirs écologiques, dans la dislocation de familles étendues et de communautés, et dans la dévaluation d’anciennes traditions spirituelles.

Finalement, SCOLARISER LE MONDE, appelle un “dialogue profond” entre les cultures, suggérant que nous avons au moins autant à apprendre qu’à enseigner, et que ces anciennes sociétés soutenables peuvent abriter des savoirs vitaux pour notre propre survie au cours du prochain millénaire.

Bon visionnage :

https://www.youtube.com/watch?v=D8YCBs8HbR8

 

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Enregistrer

Leave a Reply

Your email address will not be published.