El hombre y el axolotl. Neotenía y omnivoracidad.

« No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos »

oxJulio Cortázar escribió un cuento sobre los axolotl.
Creyó Cortázar encontrar algo que le unía a estas especies y observándolas durante días, acabó viéndose en ellas, como en un espejo. Un reflejo de su propia naturaleza.

Existen teorías biológicas, muy poco divulgadas y muy mal aceptadas (de ahí su gran valor), que señalan al ser humano como un “neoteno” (el biólogo Louis Bolk propuso esta teoría en 1926), es decir, una criatura inacabada, una fatalidad y un infortunado retraso de la naturaleza que por su propia incapacidad de adaptación al medio ha tenido que desarrollar todo tipo de argucias y artimañas a las que, haciendo uso de esa abstracción suya que es el lenguaje, ha llamado inteligencia.

El hombre padece un retraso biológico con respecto al resto de los animales que sólo se encuentra en ciertas especies de salamandras y criaturas larvarias entre las cuales se encuentra el axolotl. Comparten estas especies rasgos comunes con el ser humano, por ejemplo el hecho de sufrir un nacimiento prematuro y presentar a lo largo de toda su vida rasgos juveniles. El período de gestación de los seres humanos es de 270 días,  los bebés no consiguen gatear antes de los ocho meses de edad, no consiguen caminar hasta los 14 meses,  no hablan bien hasta los dos años y no abandonan su hogar hasta los 18 (en el mejor de los casos). En contraposición, todas las especies producen crías maduras, capaces de correr con sus semejantes y adaptarse al medio poco después de su nacimiento.

Ni siquiera alcanza el hombre a ser finito. Un león nace león y un cerdo nace cerdo, saben lo que tiene que hacer y están absolutamente presentes en el espacio tiempo. Sin embargo, un hombre no nace hombre, desconoce su función en la Tierra y no sabe estar presente en el espacio tiempo (su existencia está basada en las experiencias pasadas o en las expectativas del futuro). Los demás animales se adaptan fácilmente al medio natural en el que nacen, nosotros no. Ellos saben utilizar su cuerpo para interrelacionarse plenamente con la naturaleza. Nosotros, criaturas larvarias en permanente proceso de metamorfosis,  ramificaciones de simios inacabados, engendros inadaptados, frágiles y vulnerables aberraciones sin garras ni pelaje, no podemos decir lo mismo y esta fatalidad podría ser la causa de la devastación de nuestro medio.

Para el neoteno la noción de naturaleza carece de sentido ya que es incapaz de habitarla y es así como la cultura o civilización aparece inevitablemente como reemplazo a una naturaleza claudicante, hostil y absolutamente invivible.

El neoteno, antropocéntrico por naturaleza (o tal vez debido a tales infortunios y penosas dificultades de adaptación), ha entronizado esta capacidad suya de construír un mundo dentro del mundo, la civilización, la técnica, y le ha dado el nombre de inteligencia.
Lo mismo hizo para justificar sus actos. Se creó un doble y lo llamó Dios, es decir, un macho dominante que organizara racionalmente sus comportamientos gregarios.
Inteligencia, Dios.. El lenguaje es una abstracción y como tal, nos abstrae de la realidad.

El neoteno y la omnivoracidad

Varios estudios antropocéntricos afirman que gracias a la carne el hombre es “inteligente”.
Primero, habría que delimitar el concepto de inteligencia y su diferencia con “adaptación al medio” ya que no es necesariamente lo mismo, pues como hemos dicho, en esa búsqueda permenente del neoteno de su finitud, desarrolla todo tipo de capacidades para adaptar el medio a sus carencias y retrasos biológicos.

Por otra parte y con relación a la abstracción del lenguaje, debemos tener presente que el que come la cabeza de un cochinillo ve lo que la propia abstracción del lenguaje produce . Cerdo=animal de ganado=comida (significación)
Si en vez de la cabeza de un cerdo ponemos la de un perro, el significante que es simplemente algo cultural, le produce rechazo porque la lengua española ha metido al perro en la categoría de animales de compañía, de “amigo el hombre”.
En el caso de un chino o un indio sus lenguajes les abstraen hacia otras realidades. Perro=comida, vaca=sagrado.
El que come la cabeza del cochinillo no ve al cochinillo como un ser vivo dotado de capacidades y sentimientos y susceptible de sufrimiento, no lo ve como un amigo del hombre porque  su mente está limitada por la abstracción del lenguaje. No ve un ser vivo, ve sólo lo que su lenguaje le dice “comida”.
El lenguaje tiene un poder de abstracción peligrosísimo. Podemos abstraernos de nosotros mismos y cometer atrocidades con un simple concepto “judío” “enemigo” “rebelde” “terrorista” y eliminar toda significación humana para así, justificar nuestros actos inhumanos.
No es lo mismo decir “el terrorista mató a su víctima” que “un hombre mató a otro hombre”.

La realidad se transforma.

El lenguaje puede ser una barrera a la consciencia.

chapeau4536Y superar sus límites es el único camino que existe hacia nuestra plena realización como seres humanos.

Pero supongamos que esa inteligencia es realmente algo superior digno de entronización y que gracias a la carne nuestros cerebros crecieron y desarrollaron sus brillantes neuronas. Si la carne tuvo ese gran poder, entonces el león debería ser hoy el animal más inteligente del mundo puesto que sólo come carne.
No, no, nos dice Bolk, la realidad es otra. “Los neotenos, llegaron a ser omnívoros, como consecuencia de esa búsqueda permanente de completarse, de llegar a ser, de potenciar los rasgos que no tienen.”
” Si fui un gran cazador de jaguares fue entonces para llegar a ser jaguar yo mismo” (“Lettres sur la natura humaine à l’usage des survivants” Dufour, 1999)
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En cualquier caso a mí me parece que en un rasgo de eso que llamamos inteligencia toda la comunidad científica debería estar de acuerdo, pues es ese rasgo supremo que nos diferencia del resto de las especies: La compasión.

Esa capacidad extraordinaria de la especie humana para ponerse en lugar del otro y sentir, como si fuesen propios, los sentimientos ajenos. Me gusta la palabra compasión en alemán que literalmente quiere decir co-sentimiento (Mit-gefühl) y que contrariamente a otros idiomas latinos está exenta de esa connotación negativa de “lástima” o “indulgencia”. Debemos entender la compasión como un sentimiento compartido, lo cual querría decir que si sentimos dolor cuando vemos a un animal de otra especie sufrir, es porque ellos también sienten y en este sentido estamos compartiendo algo que nos une. No lo sentimos cuando matamos una mosca (incluso si muchos son incluso incapaces de esto) pero lo sentimos viendo una vaca o un cordero sufrir o cualquier especie vertebrada con las que compartimos rasgos biológicos comunes como el sistema nervioso.
Milan Kundera decía que en una pareja hay amor cuando uno siente el sentimiento del otro como si fuese propio. El co-sentimiento y el amor son lo mismo.

A esa capacidad del neoteno para inventar instrumentos, argucias y artimañas técnicas que le permitiesen adaptar el medio hostil a sus necesidades, conquistar el espacio y racionalizar su existencia para acomodarla a su lamentable retraso genético yo no la llamaría inteligencia, sino instinto de supervivencia o incluso lo que Edgar Morin ha calificado como « inteligencia ciega », aquella que separa los objetos de sus ambientes y destruye las totalidades.

Sin embargo, en esa capacidad única de compasión o co-sentimiento radica nuestra esencia humana, la « inteligencia consciente ». La consciencia.
Y la capacidad de escucharla es la que lleva al neoteno a convertirse en hombre y por lo tanto, a cumplir su función en la Tierra.

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Por cierto, el día que yo vi mi primer axolotl, creí estar contemplando un dios.
¿Será que Dios está también en estado larvario?

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La primera ilustración es mía y la segunda del gran artista Max Neumann

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